“Sueño con una parroquia misionera y abierta a todos”
El sacerdote Emanuel Del Castillo, oriundo de Oro Verde y con siete años de ministerio, asumirá el próximo 9 de mayo como nuevo párroco de Inmaculada Concepción en nuestra ciudad. En diálogo con El Pueblo, habló de su vocación, su camino en la Iglesia y el desafío de continuar la tarea pastoral tras más de dos décadas de trabajo del padre Fabián Minigutti.
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A pocas semanas de iniciar una nueva etapa en su vida sacerdotal, el padre Emanuel Del Castillo se prepara para llegar a Villaguay con una idea clara sobre el sentido de su misión pastoral. “Sueño con una parroquia misionera y abierta a todos”, afirma con sencillez, anticipando el espíritu con el que asumirá al frente de la parroquia Inmaculada Concepción.
El sacerdote, que actualmente se desempeña como vicario en la parroquia Nuestra Señora de Luján de Paraná, fue designado recientemente por el arzobispo de Paraná, monseñor Raúl Martín, para asumir como nuevo párroco de la comunidad villaguayense. Su llegada se concretará el próximo 9 de mayo cuando se celebrará la misa de toma de posesión, presidida por el propio arzobispo.
El nombramiento forma parte de una serie de cambios pastorales dispuestos por el Arzobispado de Paraná, entre los que se destaca también el traslado del padre Fabián Minigutti, quien luego de más de 22 años de servicio en Villaguay fue designado como párroco de la Catedral de Paraná.
Para Del Castillo, este nuevo destino representa un desafío especial: será la primera vez que ejercerá el oficio de párroco. “La verdad que cuando recibí la noticia sentí mucha alegría y también mucha responsabilidad. Es la primera vez que voy a ejercer el servicio de párroco, así que lo tomo con mucha disponibilidad para aprender”, expresó.
Una vocación nacida en la misión
Emanuel Del Castillo tiene siete años de sacerdocio. Fue ordenado el 22 de diciembre de 2018 y es oriundo de Oro Verde, localidad cercana a la capital entrerriana donde aún viven sus padres y donde transcurrió gran parte de su vida antes de ingresar al seminario.
“Tengo a mis dos padres y dos hermanas mayores. Mi familia vive en Oro Verde y allí crecí”, contó al repasar sus primeros años.
Sin embargo, su vocación sacerdotal no apareció de manera temprana ni como una certeza inmediata. Por el contrario, fue un proceso que se fue gestando con el tiempo, especialmente durante la adolescencia.
“De niño quizás no tenía muy presente la inquietud por el sacerdocio. Fue más bien durante la secundaria cuando empecé a acercarme más a la Iglesia”, recordó.
Ese acercamiento se dio a través de su participación en grupos juveniles y actividades misioneras. “En el colegio Santa Lucía me invitaron a participar como animador de la Infancia y Adolescencia Misionera. Ese fue mi primer contacto fuerte con la vida de la Iglesia”, explicó.
Más tarde, esas experiencias se profundizaron cuando comenzó a participar en grupos misioneros y en las tradicionales misiones de verano, en las que jóvenes visitan comunidades, comparten celebraciones y acompañan a familias y enfermos. “Fue en una de esas misiones de verano cuando sentí como un primer llamado. Experimenté que Dios me llamaba a algo más grande”, relató.
La pregunta que cambió su vida
El momento coincidió con el final de la escuela secundaria, una etapa en la que los jóvenes suelen preguntarse qué carrera o profesión elegir.
En su caso, la pregunta tomó un rumbo diferente. “Cuando estaba terminando el secundario pensaba qué estudiar, pero siempre sentía un deseo fuerte de servir a los demás. No encontraba una profesión que respondiera del todo a ese deseo”, explicó.
Hasta que un día apareció una pregunta que cambiaría su camino. “Sentí muy fuerte en el corazón una pregunta: ‘¿por qué no sacerdote?’”. A partir de allí comenzó un proceso de discernimiento acompañado por sacerdotes y sostenido en la oración.
“Es difícil explicarlo con palabras. Uno siente algo profundo en el corazón. Lo pude hablar con un sacerdote, que me ayudó a iniciar un camino de discernimiento para ver si realmente Dios me estaba llamando”.
Ese proceso, asegura, fue sencillo y a la vez muy profundo. “No fue nada espectacular ni extraordinario. No hubo algo llamativo, sino que en lo sencillo y cotidiano sentí que Jesús me llamaba a seguirlo”, contó.
Finalmente, en el último año de la secundaria decidió dar el paso e ingresar al seminario de Paraná. “Ya en ese momento prácticamente no tenía dudas de que quería entregar mi vida a Jesús y al servicio de la Iglesia”.
Los primeros pasos en el ministerio
Tras completar su formación sacerdotal, Del Castillo inició su tarea pastoral en la ciudad de La Paz, donde permaneció durante cuatro años, primero como diácono y luego como sacerdote. “Mi primer destino fue en La Paz. Allí estuve cuatro años y fue una experiencia muy linda”, recordó.
Posteriormente fue trasladado a la parroquia Nuestra Señora de Luján de Paraná, donde también se ha desempeñado durante cuatro años como vicario parroquial.
En ambos lugares encontró comunidades profundamente marcadas por la devoción mariana, algo que considera una característica significativa de su camino pastoral.
“Los dos destinos que tuve fueron comunidades marianas: Nuestra Señora de La Paz y Nuestra Señora de Luján. La presencia de la Virgen siempre estuvo muy presente en la vida de esas comunidades”.
Durante esos años también se fue consolidando una mirada pastoral muy influida por el pontificado del Papa Francisco. “Mi formación en el seminario se dio prácticamente durante el papado del Papa Francisco, y eso me marcó mucho. Su idea de una Iglesia en salida, una Iglesia que se preocupa por los últimos, fue algo que siempre traté de vivir en mi ministerio”.
Por eso, el trabajo misionero fue una constante en su tarea pastoral. “Siempre me gustó mucho la misión, salir al encuentro de los demás. En La Paz, por ejemplo, había muchas comunidades rurales y era muy lindo poder visitar esos lugares más alejados”.
El desafío de Villaguay
Ahora, con su llegada a Villaguay, el sacerdote se prepara para asumir una nueva responsabilidad pastoral, consciente de la historia reciente de la parroquia.
“Admiro mucho al padre Fabián Minigutti por todo el bien que ha hecho en la comunidad durante tantos años”, expresó.
Según contó, ya mantuvieron los primeros contactos para comenzar a organizar la transición. “Hemos hablado por teléfono y seguramente pronto iré a Villaguay para poder sentarnos a conversar y que él me cuente más sobre la comunidad y el trabajo que vienen realizando”.
En ese sentido, Del Castillo remarcó que su intención no es comenzar desde cero, sino continuar un camino que ya está en marcha. “Mi idea es sumarme a lo que la comunidad ya viene haciendo. Primero quiero conocerla bien, escuchar a las personas y entender qué necesita hoy la parroquia”.
Caminar junto a la comunidad
De cara a su llegada, el nuevo párroco prefiere hablar de sueños antes que de planes concretos. “Yo sueño con una parroquia misionera y una parroquia abierta a todos”, afirmó.
Sin embargo, reconoce que el primer paso será escuchar. “Primero quiero conocer a la comunidad, escucharla y caminar juntos. Hablar ahora de un plan pastoral sería apresurado”.
Para el sacerdote, ese camino compartido es fundamental en la Iglesia actual. “Hoy vivimos un tiempo de aprender a caminar juntos. El párroco no camina solo, sino con toda la comunidad”.
Entre los desafíos que el sacerdote observa para la Iglesia católica en general aparecen el alejamiento de muchos fieles y la necesidad de renovar la forma de anunciar el Evangelio. “Hoy hay personas que se han ido alejando de la fe por distintos motivos. Por eso creo que es muy importante la misión”.
Y en ese punto es claro: “No podemos quedarnos en la parroquia esperando que la gente venga. Tenemos que salir al encuentro de los que no están”.
También subraya la importancia de acompañar a los jóvenes. “Los jóvenes necesitan mucha escucha, mucho apoyo y mucho acompañamiento. Es importante que puedan sentirse protagonistas en la vida de la Iglesia”.
Un pedido a la comunidad
Mientras se prepara para su llegada a Villaguay, el padre Del Castillo ya piensa en la comunidad que pronto comenzará a acompañar. “Le pido a toda la comunidad parroquial de la Inmaculada que rece por mí y por mi ministerio sacerdotal”, expresó.
A su vez, aseguró que ya tiene presentes a los fieles de la ciudad en su oración. “Yo ya los tengo incluidos en mis oraciones y pronto empezaremos a caminar juntos”.
Y concluyó con un deseo que resume el espíritu con el que llega a la parroquia: “Que el Señor nos vaya marcando el camino para ser una comunidad orante, una comunidad misionera y una comunidad que podamos vivir juntos la alegría del Evangelio”.

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