Por qué bajar de peso no siempre es tan simple como parece
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Aunque durante años se repitió la idea de que perder peso depende únicamente de “comer menos y moverse más”, especialistas advierten que la realidad es bastante más compleja. Factores biológicos, conductuales y ambientales pueden influir de manera significativa en el proceso de adelgazamiento, muchas veces sin que la persona lo note.
“El cuerpo humano cuenta con mecanismos de adaptación que pueden dificultar el adelgazamiento con el tiempo. Además, muchos hábitos del día a día pasan desapercibidos y terminan saboteando los resultados”, explica el médico nutriólogo Nataniel Viuniski, magíster en Nutrición y Alimentos y miembro del Consejo para Asuntos Nutricionales de Herbalife.
A continuación, un repaso por los principales factores que pueden obstaculizar la pérdida de peso:
Dormir mal: un enemigo silencioso
La falta de sueño no solo afecta el descanso, sino también las hormonas que regulan el hambre. Un estudio publicado en Annals of Internal Medicine demostró que quienes dormían apenas 5,5 horas por noche perdían un 55% menos de grasa que aquellos que descansaban 8,5 horas.
Esto puede traducirse en mayor apetito, antojos y picoteo constante durante el día.
Estrés crónico y aumento del apetito
El estrés sostenido eleva los niveles de cortisol, una hormona vinculada con el aumento del apetito y la acumulación de grasa abdominal.
Una revisión de Obesity Reviews señala que este fenómeno también impacta en el comportamiento alimentario. Actividades como yoga, terapia o incluso técnicas de relajación pueden ser útiles para contrarrestar este efecto.
Falta de nutrientes clave
La nutricionista Clara Lucia Valderrama advierte que déficits de hierro, vitamina D o magnesio pueden alterar el metabolismo y dificultar el control del peso.
Estos nutrientes cumplen funciones esenciales en la energía, la saciedad y el rendimiento físico. Por eso, recomienda controles periódicos y una alimentación rica en densidad nutricional.
Poca proteína en la dieta
La proteína cumple un rol fundamental en la saciedad y el mantenimiento de la masa muscular. Investigaciones del American Journal of Clinical Nutrition respaldan su importancia en dietas para adelgazar.
Además, el American College of Sports Medicine sugiere que personas activas consuman entre 1,2 y 2 gramos de proteína por kilo corporal al día.
Sedentarismo y metabolismo lento
Incluso después de perder peso, el cuerpo puede reducir su gasto energético, un fenómeno conocido como termogénesis adaptativa. Estudios publicados en Obesity lo han documentado ampliamente.
Por eso, la actividad física —especialmente la que desarrolla masa muscular— resulta clave para sostener resultados a largo plazo.
Errores al calcular calorías
Un artículo del The New England Journal of Medicine indica que las personas tienden a subestimar lo que comen entre un 20% y un 50%, mientras sobreestiman su actividad física.
Este desajuste puede explicar por qué muchas dietas no funcionan como se espera.
Problemas hormonales o metabólicos
Condiciones como hipotiroidismo, resistencia a la insulina o síndrome de ovario poliquístico pueden interferir en el metabolismo y la distribución de la grasa corporal.
En estos casos, un diagnóstico médico adecuado es fundamental para definir estrategias efectivas.
Hidratación insuficiente
Beber agua también juega un papel importante. Un estudio publicado en la revista Obesity mostró que quienes bebían medio litro de agua antes de las comidas perdían más peso que quienes no lo hacían.
La hidratación adecuada contribuye a la saciedad y al buen funcionamiento metabólico.
Una mirada integral
Los especialistas coinciden en que la pérdida de peso no depende de una única variable. Más bien, es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí.
“Una combinación de alimentación equilibrada y actividad física regular sigue siendo una de las estrategias más efectivas, especialmente para mantener los resultados a largo plazo”, concluye Viuniski.
En definitiva, entender estos factores puede ser la clave para dejar de frustrarse y comenzar a abordar el descenso de peso desde una perspectiva más realista e integral.

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