Flavia Clapier y el crecimiento de “Mi Dulce Alina” en la Fiesta del Pastel
En tiempos donde reinventarse dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad, la historia de Flavia Clapier refleja con claridad cómo el esfuerzo, la disciplina y el amor por lo que se hace pueden transformar una dificultad en una oportunidad.
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Vecina de nuestra ciudad, Flavia es la creadora de “Mi Dulce Alina”, un emprendimiento que nació en 2020, en pleno inicio de la pandemia. Sin trabajo y con tres hijos a cargo, encontró en la cocina —y en el legado familiar— una salida urgente. “No arrancó porque pensé ‘qué lindo hacer pasteles’, arrancó porque había que darles de comer a mis hijos”, recordó en diálogo con El Pueblo.
La pastelería no era un terreno desconocido: su madre, Sara Bruchi, fue quien le enseñó el oficio. “Siempre digo que sigo su receta”, contó con orgullo. Ese aprendizaje, sumado a la necesidad, fue el punto de partida de un camino que con el tiempo se transformó en pasión y sustento.
Hoy, lejos de aquella incertidumbre inicial, Flavia asegura que no se imagina haciendo otra cosa. Desde su espacio de trabajoproduce diariamente pasteles que vende tanto de manera directa como por encargo. Su propuesta es clara: pasteles tradicionales de dulce de leche, membrillo y batata, respetando lo clásico y apostando a la calidad.
Su crecimiento también se refleja en la Fiesta del Pastel, uno de los eventos más importantes de nuestra ciudad y que ha puesto en valor la actividad de pasteleras y pasteleros de Villaguay.

Según contó Flavia, esta edición 2026 fue su tercer año de participación, con resultados más que destacados: obtuvo el segundo puesto al Mejor Pastel Artesanal, repitiendo el logro de su primera presentación, mientras que en 2024 había alcanzado el primer lugar.
Pero más allá de los premios, lo que realmente habla de su presente es la magnitud de su producción. En esta última edición elaboró entre 120 y 130 docenas de pasteles y no le sobró ninguno. “Vendí todo”, afirmó, incluso a pesar de las complicaciones climáticas que marcaron el evento. “La gente acompañó igual, y eso es lo más importante”.
Detrás de ese volumen de trabajo hay organización, herramientas y, sobre todo, un fuerte acompañamiento familiar. Aunque ella es la cara visible del emprendimiento, destacó el rol clave de quienes la rodean: desde una colaboradora en la producción hasta padres, hermanos, hijos y allegados que aportan en cada etapa, ya sea cocinando, trasladando materiales o armando el stand.
“La disciplina es el secreto”, aseguró. Para Flavia, emprender implica asumir la misma responsabilidad que un empleo formal: cumplir horarios, sostener la producción y responder a la demanda. A eso se suma la capacitación constante y la adaptación a nuevas herramientas, como el uso de redes sociales, fundamentales hoy para cualquier emprendimiento.

Con el crecimiento también llegaron decisiones estratégicas, como delegar el manejo de sus redes para enfocarse en lo que mejor sabe hacer: cocinar. “Todo se va aprendiendo. Al principio uno quiere hacer todo, pero no siempre se puede”, reflexionó.
De cara al futuro, Flavia ya proyecta nuevas propuestas, vinculadas a los sabores de la infancia: postres caseros que remiten a los recuerdos familiares. Una idea que, al igual que su emprendimiento, tiene raíz en lo emocional y en lo cotidiano.
Antes de cerrar la entrevista, dejó un mensaje claro para quienes están pensando en emprender: “Que se animen. Hay que intentarlo una y otra vez. No compararse, ir paso a paso y entender que el crecimiento lleva tiempo”.
Su historia no solo habla de pasteles. Habla de esfuerzo, de resiliencia y de cómo, incluso en los momentos más difíciles, pueden surgir los proyectos más sólidos.

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