Feliz centenario, querido diario El Pueblo
Roque Jesús Alaguibe Empleado de El Pueblo del 1º de diciembre de 1959 al 5 de abril de 2020
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Ante una fecha tan trascendente para Villaguay, como es nada menos que el centenario del querido diario El Pueblo, que se cumplen este 4 de febrero, no podía hacer silencio, después de haber vivido sesenta años y cuatro meses como empleado de la empresa, donde comencé en el humilde trabajo de canillita el 1º de diciembre de 1959, para recorrer todas las actividades posibles, como armador, impresor, titulero de los partes y atrevido de periodista, hasta que me retiró la pandemia el 5 de abril de 2020.
El comienzo de la hazaña
Aquel lejano 4 de febrero de 1926, el joven periodista de 27 años, Emilio Surra, fundó El Pueblo, su segundo medio gráfico -el primero había sido El Buzón-. El entonces bisemanario El Pueblo nació en un garaje de don Andrés Chiesa, en calle Hermelo 79, frente al Parque Urquiza, hoy Escuela Normal Superior “Martiniano Leguizamón”.
De tamaño “sábana”, de 4 páginas, se componía y armaba tipo a tipo con letras de plomo -y de madera para títulos “catástrofe”- en material tipográfico adquirido en San Salvador. La impresión se hacía en una minerva a pedal. Dos de esas pequeñas máquinas todavía prestaban servicios cuando yo ingresé, a pesar que la empresa había incorporado una moderna automática Heidelberg ese año.
El medio gráfico fundado por don Emilio se convirtió en diario a partir del 5 de noviembre de 1928, en el segundo local que ocupó en la esquina de Brown y Alem, hasta el 30 de enero de 1941, en que se trasladó a San Martín 29, casi Caseros, donde estuvo la antigua librería e imprenta Casa Ricós.
Por fin local propio
El 11 de marzo de 1950, el diario y la librería se trasladaron al edificio propio de San Martín 352/68, adquirido a José Leal, donde también hubo una librería. Al fondo del edificio había un gran patio, donde se almacenaban papeles y se fundía el plomo, hasta que Juan Carlos Surra lo amplió hasta el final, dando con la propiedad del doctor Antonio P. Vuoto -hoy Dr. Lafourcade-. Al costado vivió don Emilio Surra con su esposa, Juana Vercelli. Hoy pertenece a Virginia Carulla Surra.
Incorporan la linotipo
La primera linotipo, que reemplazaba el trabajo manual por la composición mecánica, se incorporó el 29 de agosto de 1953, junto a un especialista en la materia, Julio Cicerone, oriundo de Gualeguay, dando un salto de calidad, pero la misma no pudo rendir a pleno hasta 1960, por los cortes permanentes de la Compañía Suizo Argentino de Electricidad, hasta que llegó Agua y Energía Eléctrica, con su corriente alternada, traída desde Concepción del Uruguay.
“Chino” Surra a la dirección
El 21 de septiembre de 1953, Juan Carlos Surra, hijo del fundador, asumió la dirección de El Pueblo y fue un inclaudicable propulsor, modernizando el diario en forma permanente, vinculándolo al mundo periodístico hasta su lamentado fallecimiento el 25 de julio de 1996.
También, don Emilio, fue un extraordinario luchador: trabajó en su medio hasta muy poco antes de fallecer, el 18 de febrero de 1977.
Orfilia Muñoz de Surra asumió la dirección del entonces vespertino, en 1996, al fallecer su esposo “Chino” y, tras su deceso el 16 de mayo de 2014, asumió la conducción María José Surra, nieta del fundador.
También fueron parte fundamental de la empresa Nelly Surra de Carulla, Gastón Surra y Virginia Carulla.
Desde hace poco tiempo, el diario cuenta con nuevos directivos, Leandro Peres Lerea y Mariano Jacobi.
La llegada de la tecnología
Como lo adelanté, Juan Carlos Surra era un progresista y fue así que a comienzos de 1993 incorporó las primeras pantallas, comenzando con el armado de algunas páginas, a fin de darle el agradecido adiós al trabajo con tipos móviles el 22 de junio de 1995, con las últimas páginas impresas en plomo, que se mantienen como mudo testigo de una lucha sin cuartel, librada por los patrones, pero también por cientos de empleados, que desde sus distintos puestos de trabajo apuntalaron el crecimiento de la hoy centenaria empresa.
Valiosos soldados
Largo sería de enumerar los valiosos soldados que estuvieron desde la primera hora en los distintos puestos de combate de mi “Universidad de la vida”, a través de estos 100 años, así sean periodistas, personal gráfico, de librería, canillitas y calificados colaboradores, que prestigiaron y prestigian esta hoja.
Muchos fueron mis maestros y profesores a través de mis sesenta años y cuatro meses de trabajo en el querido medio gráfico centenario, que es orgullo de Villaguay, a quienes agradezco por siempre.
Que Dios los bendiga y que continúen en la lucha por muchos años más, que Villaguay los necesita, porque la historia debe continuar, y son la historia misma de nuestro pueblo.

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